Creo que me estoy volviendo adulto

La vida cambia y te va mostrando cómo sos. Lo que antes era impensado ahora es tu realidad. Y esa realidad que antes parecía ajena, hoy la agarrás bien fuerte para que no se te escape. Eso de la adultez me está pegando fuerte…

Esta vez escribo con el propósito del alivio.

No estoy estrado, ni cansado, no agobiado, ni aburrido, ni mucho menos, no. Siempre tengo cuidado al usar esas palabras.

Una vez vi una conferencia de prensa de un técnico de fútbol de no recuerdo qué equipo, a quien le preguntaron qué opinaba de la presión que sentía uno de sus futbolistas por salir campeón. “¿Presión?”, respondió, “presión es tener que levantarse a trabajar a las 4 de la mañana para tener que darle de comer a tu familia”.

Así que no, no me siento presionado.

Pero sí he sentido, a lo largo de estos dos años y medio que llevo de inmigrante, un ritmo vertiginoso. No he parado, literalmente.

Ya el hecho de tener un canal de YouTube, un blog, un podcast, un canal de streaming y manejar redes sociales me agregaba horas extras de dedicación por sobre lo que fuera que tenía que hacer a mi vida. A mis 8 horas laborales, mis 8 horas de sueño, mis 2 horas para cocinar y comer, mi hora para relajarme y mis horas para tener vida social, debía sumarle el tiempo para trabajar en mi contenido.

Me encantaba hacer todo eso, sí. Pero una vez leí en el libro How To Stop Worrying and Start Living (Cómo Dejar de Preocuparse y Empezar a Vivir), de Dale Carnegie, que hay que descansar no cuando uno está cansado, sino antes de cansarse.

Me pareció genial.

Los que me siguen saben que en el último mes me mudé, dejé dos trabajos y comencé uno nuevo, que me encanta y me da estabilidad económica. Traducción, entré en una rutina.

Todo es relativo en este mundo. Hay gente que ama la rutina, hay gente que la odia. Pero según mi punto de vista, nuestros gustos van acorde a nuestras circunstancias.

Por ejemplo, si venimos de un trabajo de oficina durante 10 o 15 años, vamos a amar el vértigo y la adrenalina que nos genera empezar nuestro propio emprendimiento. Pero si venimos de ver cómo nuestro proyecto personal se estanca y no divisamos ningún futuro positivo, el encajarse en un horario y un sueldo fijo pasa a ser una tentación.

En mi caso, nunca he estado en ningún extremo. No dejé mi “no rutina” porque estaba agobiado, sino porque vi que, en ese momento, la rutina me traería un relax que mi cuerpo y mi mente aceptarían con mucho gusto. Eso sí, tomé un trabajo que me gustaba, con un sueldo digno, no me fui por cualquier cosa.

Como actividad natural de un ser humano, cada tanto me paro a analizar mi vida como si fuese una película. Miro las escenas, intento ver los posibles finales en base a los nudos que se van formando, y luego veo el desenlace en el que me encuentro hoy.

Mis posibles finales hubiesen sido irme a Argentina, haberme cansado y dejar mi canal de YouTube, podría no tener trabajo y que me costara llegar a fin de mes. También podría haber hecho un boom con mi canal, podría haber vivido 100% de mi contenido y podría haber dejado todos esos trabajitos extras e inútiles y estar más cómodo.

Pero hoy estoy en el punto medio. Y estoy super contento.

En algún momento, calculo, llegará ese momento en el que vuelva a poner todo en cuestión. Porque así somos los humanos, ¿no? Siempre buscamos más, siempre queremos más, no nos conformamos. Pero eso es normal, y lo acepto y sé que va a pasar. Lo raro sería que no sucediera…

Y como habrán visto hoy vine sin ningún objetivo claro. Creo que usé estos caracteres como una especie de diario personal, como un recordatorio a mí mismo de que las cosas están yendo bien.

Pero esto también aplica para vos. ¿En qué momento de tu vida estás? Podrías estar peor, ¿cierto?. Y también podrías estar mejor, lo sabés. Y ahora, ¿qué vas a hacer? ¿Vas a relajarte porque podrías estar peor o vas a ponerte a trabajar porque podrías estar mejor?

Hagas lo que hagas, está bien. Siempre sabiendo que nada es ni tan malo ni tan bueno, y que a veces, lo que antes veíamos con malos ojos hoy nos podría resultar positivo.

Bueno, lo dejo acá porque me estoy enredando.

Pero se entendió, ¿no?

¿No?

La Hungría del 50’, mentor del fútbol total

El Barcelona de Guardiola fue sin dudas el último mejor equipo del mundo, y hasta se codea con otros grandes conjuntos por el mote de mejor equipo de la historia. Sus “competidores”, entre otros, son el Barcelona de Cruyff, la Naranja Mecánica y el Ajax de Rinus Michels, equipos que, a través de conexiones diversas, han implantado en Pep la semilla del “fútbol total” que plantó Michels en Holanda en la década del 70’. Sin embargo, el camino del que para muchos es el mejor fútbol, comenzó muchos antes y tiene un claro pionero: la Selección de Hungría de 1954.

Leer más »

El viejo y el barro

Una de las imágenes más populares a las que hacemos mención cuando queremos hacer referencia a ese fútbol barrial, genuino y libre de codicia, también conocido como “potrero”, es la de un niño o adolescente con una pelota un poco vieja y rajada, ropa de entrecasa o camiseta trucha y botines viejos. Y barro. O tierra en su defecto. Pero barro, de arriba a abajo. Un barro que nos transmite dos cosas. Primero, sabemos que la cantidad de barro en el cuerpo del niño es proporcional a la diversión que tuvo ese día, y segundo, que esa misma cantidad de barro también es proporcional al grito que le pegará la madre seguido de un “¿dónde te metiste”?

Leer más »

El coso y el fútbol

Al tipo lo trajeron de no sé dónde. Bah, “el tipo”, el coso ese raro, extraterrestre podría ser, marciano no sé, porque no sé si es de Marte, pero de algún otro lado es, el loco no sabe nada. De los humanos no tiene conocimiento, menos de lo que hacen. No sabe qué son los edificios, ni las casas, ni los autos, las calles, empresas, bancos, Internet, el agua, la comida, la ropa, las computadoras, no sabe nada. Es como si hoy un bebé pudiera expresarse, no entendería nada.

Leer más »

¿El fanatismo es un problema?

El fanatismo no es un problema por sí solo. Aquellos que son fanáticos a lo que es bueno no tienen ningún defecto, el tema es a qué se es fanático. Si soy fanático de un equipo de fútbol, está perfecto, aunque no creo que seamos fanáticos de Boca, de River, o demás, sino que somos fanáticos a lo que estos generan. Porque los colores no los elegimos, si no que nos los imponen, o si los elegimos, lo hacemos sin saber de qué se trata.

Leer más »

Fila para entrar al Edén

No, para ir a ver un partido de Wimbledon no hay que bajarse en la estación Wimbledon de la District Line del metro de Londres, sino en Southfields, porque queda más cerca. Una vez fuera de la estación, los carteles que hacen referencia al torneo de tenis más viejo del mundo empiezan a invadir la vista. Dominan los colores violeta y verde, los típicos de ese Grand Slam, y el círculo con las dos raquetas cruzadas que identifica al torneo. Es imposible evitar leer “The Queue” (la fila) acompañado de una flecha que señala el campamento donde se juntan, duermen, comen y esperan los que quieran conseguir una entrada de la manera convencional. 

Leer más »