La Hungría del 50’, mentor del fútbol total

El Barcelona de Guardiola fue sin dudas el último mejor equipo del mundo, y hasta se codea con otros grandes conjuntos por el mote de mejor equipo de la historia. Sus “competidores”, entre otros, son el Barcelona de Cruyff, la Naranja Mecánica y el Ajax de Rinus Michels, equipos que, a través de conexiones diversas, han implantado en Pep la semilla del “fútbol total” que plantó Michels en Holanda en la década del 70’. Sin embargo, el camino del que para muchos es el mejor fútbol, comenzó muchos antes y tiene un claro pionero: la Selección de Hungría de 1954.

Los números, no siempre fieles, avalan el éxito de aquel llamado “Equipo de Oro” o “Magiares Mágicos”: subcampeones del mundo en 1954, tercero en la Euro ’64, campeón de la Copa de Europa Central 1953, oro olímpico en 1952, 1964 y 1968, plata en 1972 y bronce en 1960, siendo el equipo más laureado de los Juegos Olímpicos. Sin embargo, los números no reflejan su poderío en aquel entonces ni su injerencia en el fútbol actual.

El juego de pases cortos y fútbol asociado fue instalado por Escocia en los inicios del fútbol y por el Wunderteam de Austria en la década del ’30. Sin embargo, sería la Hungría dirigida por Gusztáv Sebes la que patearía los tableros de la época, en los que la WM era la táctica más utilizada. Esta forma de pararse en la cancha se basaba en pases largos y frontales y en la utilización de un nueve con potencia física. Hungría no disponía de un centrodelantero de esas características, por lo que decidió jugar sin un nueve. 

Nándor Hidgekuti, con la 9 en la espalda, abandonó el área y, retrasado unos metros, colaboraba con la creación del juego. Zakarias, que era mediocentro, pasó a ocupar un lugar en la defensa para evitar los hirientes pelotazos cruzados a los wines, tan habituales en aquellos tiempos. Bozsik, el otro mediocentro, se liberó y, junto con el aporte creativo de Puskas, se asociaba con Hidgekuti para crear juego. Kocsis solía ser quien concluía las jugadas apareciendo por sorpresa dentro del área, mientras que Czibor y Budai se repartían las alas. A este estilo asociado se le suma la constante presión ante la pérdida de la pelota, la rotación constante de posiciones y una incesante mentalidad ofensiva. Eran una sucesión de gambetas, toques, arte y buen fútbol.

En 1953, en Wembley, el fútbol abriría los ojos. Inglaterra creía ser el mejor equipo del momento e invitó a Hungría a disputar un amistoso. Con su revolución táctica, los de Sebes golearon 6-3 y rompieron todos los paradigmas y pronósticos de la época, aparte del invicto de la selección británica en ese estadio. “Fue trágico sentir que no podía hacer nada, no sabía si marcar o no a Hidgekuti”, fue la delcaración Harry Johnson, mediocentro inglés de aquel partido, publicada en “La Pirámide Invertida”, libro de Jonathan Wilson. En sus palabras, dejó en claro la duda de los centrales sobre si marcar o no al falso nueve, que fue la clave para ganar ese partido. Cualquier parecido con el partido de Messi ante el Real Madrid en 2009 es mera coincidencia. 

Para el Mundial de 1954, Hungría era el claro favorito. Llevaban seis años invictos y arrasaban en todas las canchas. En aquella época, El Gráfico solía jugar con los pronósticos, y en todos ponía a la selección europea como finalista. Dante Panzeri, por ejemplo, rememoró el partido de Wembley en la antesala del Mundial y escribió que “los ingleses bailaron al compás de la rapsodia húngara”. Según la revista, luego del sorteo, “Turquía tuvo suerte de librarse de enfrentar a Hungría”. Con un campeonato arrollador, los Magiares Mágicos perdieron la final ante Alemania por cosas del fútbol, pero aun así pasaron a la historia por su grandioso juego. Después de la final, El Gráfico tituló “El campanazo del domingo: Hungría no es campeón del mundo”. Con la Revolución Húngara de 1956, el equipo se disolvió por completo.

Entonces, ¿cómo se relaciona aquel equipo con el Barcelona de Guardiola? La utilización del falso 9 es una herramienta muy usual en ambos casos, o ante su ausencia, la carencia de un centrodelanetro fijo, porque como dijo Guardiola “es mejor llegar que estar”. La presión ante la pérdida es una característica patente de los dos conjuntos, lo que también lleva a jugar constantemente con la línea de los defensores adelantada. El juego de pases y la constante rotación de posiciones también se ve en los dos equipos. Si es necesaria una comparación táctica, la línea de cuatro defensores, los tres mediocampistas creativos, el delantero que llega por sorpresa y los dos wines son una constante en ambos. Quizás, el punto ciego es el uso del arquero como opción para la salida por abajo, ya que en los tiempos de los Magiares Mágicos el portero se limitaba a cubrir los tres palos.

Lo interesante (y difícil) es conectarlos a través del tiempo. Pero se puede. Con la Revolución Húngara en pleno auge, Puskas decidió no volver a su país. Tras un año de suspensión de la FIFA, el goleador húngaro pasó al Real Madrid. Allí desempeñó el mismo papel que tenía en la Selección y Alfredo Di Stefano fue su Hidgekuti. Ese conjunto merengue levantó la Copa de Europa (hoy Champions League) en reiteradas ocasiones. Cuando Rinus Michels se hizo cargo del Ajax en 1965, decidió hacer hincapié en las divisiones inferiores. Como modelo, el club holandés tomó la forma de entrenamiento de Francia y España, los dos ejemplos de la época. El club de Ámsterdam dejó atrás la WM y adoptó el 4-2-4 que usaba el Equipo de Oro. Si bien más tarde pasó a un 4-3-3, la filosofía seguía siendo la misma: presión, toques, asociación y juego de posición.

La gran actuación del Ajax, que tenía a Johan Cruyff como figura desempeñando la función de falso 9, llevó a Michels a dirigir la Selección de Holanda. Aquel equipo, conocido como la Naranja Mecánica, jugaba de la misma forma que el Ajax. Su 4-3-3 y su estilo eran un calco del conjunto de la capital holandesa. Si bien no llegaron a ser campeones del mundo, quedaron en la historia por su brillante juego, tal como había sucedido con Hungría 20 años atrás. El punto de conexión lo estableció Michels en reiteradas ocasiones: “Mi inspiración es la Hungría de Sebes”. 

Desde ese entonces, las ideas se fueron pasando como postas. Cruyff fue el mejor alumno de Michels, ya que no sólo logró apasionarse por ese estilo, sino que lo llevó más allá y decidió difundirlo por el bien del fútbol. Si bien lo logró en cierto punto como jugador del Barcelona, la cúspide de su legado llegó cuando se puso la ropa de entrenador. Como punto de partida, fue uno de los padres de la inserción de la filosofía culé en La Masía y desplegó sobre el terreno del Camp Nou un fútbol brillante. Aunque prefería jugar con línea de tres defensores y con cinco mediocampistas, los puntos característicos de Hungría seguían vigentes. La creación en el mediocampo era a través de la rotación y de toque corto, y el holandés dejó a varios con la boca abierta cuando dijo que iba a “jugar sin nueve de área”. Lo hizo, y según él revolucionó el fútbol.

El eje de la creación de ese mediocampo fue Josep Guardiola. A través de su gran talento y de su envidiable visión del campo, movía los hilos del conjunto culé. Pep también quedó fascinado con esa forma de juego, y cuando tomó las riendas de la dirección técnica del equipo decidió que su Barcelona jugara de esa forma, hasta el punto de llevarlo a lo más alto del fútbol mundial. El nacido en Santpedor declaró en reiteradas oportunidades que Cruyff había sido el hombre que lo inspiró acerca de la concepción del fútbol. Es decir, se cumple la cadena Hungría-Michels-Cruyff-Guardiola.

Es difícil encontrar algunas palabras de Guardiola acerca de la Selección de Hungría de los 50’, pero si comenzamos a contar la historia de atrás para adelante, las cosas salen a la luz por sí solas. Si bien la táctica (o los números de teléfono, como diría Menotti) se fueron modificando por distintas necesidades, la filosofía fue siempre la misma. 

En resumen, la base del fútbol total que llevó al Barcelona de Guardiola a quedar en la historia como los mejores equipos, no es el Ajax de Rinus Michels, sino la Hungría de Sebes. Si bien el equipo holandés logró expresar su juego de una manera más eficaz y tal vez más elegante, la idea principal proviene de El Equipo de Oro. Son mayores los méritos de aquel equipo si se tiene en cuenta que rompió con el molde táctico que en aquella época parecía inamovible y que desterró por completo la idea de que el fútbol era un deporte meramente físico.

Los goles y las gambetas de Messi, el arte de Iniesta y Xavi, las sorpresivas apariciones en el área, la constante presión y la magia del Barcelona de hace algunos años tienen su mérito propio, pero suele ser al pionero a quien le llueven los aplausos, y en este caso es Hungría quien, desde el desmerecimiento, construyó las bases del llamado Fútbol Total.

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