El mayor logro de Cruyff

Más allá de los títulos que obtuvo Cruyff, tanto como jugador y como entrenador, fue la inserción de su estilo lo que prevaleció en el tiempo, y sigue vigente. Con Guardiola como su mejor aprendiz y su mejor predicador, el mundo hoy se rinde ante el “Fútbol Total”. 

Los títulos que obtuvo Cruyff a lo largo de su carrera son conocidos, pero sirven para remarcar, o en alguno casos recordar, su grandeza: como jugador ganó nueve veces la Eredivise holandesa, seis veces la Copa de Holanda, una liga de España, una Copa del Rey, tres Champions League, una Copa Intercontinental y una Supercopa de Europa; como director técnico, obtuvo dos Copas de Holanda, cuatro ligas de España, una Copa del Rey, tres Supercopas de España, dos Recopas de Europa, una Champions League y una Supercopa de Europa. Además, fue galardonado con tres balones de oro y convirtió 405 goles en 711 partidos. Pero Johan tiene en su historia un logro todavía mayor. 

Otro gran éxito de Cruyff fue hacer lo que muchos creen imposible: dejar a un subcampeón grabado en la historia. La Selección de Holanda del ’74, conocida como “La Naranja Mecánica”, llamó la atención del mundo entero con su juego de posesión, presión y toque corto. En el Mundial de 1974, en Alemania, perdió la final ante el país anfitrión, pero sin dudas fue el campeón de la memoria. 

La síntesis de El Gráfico del partido ante Argentina por segunda ronda, que ganó Holanda por 4-0, remarcó que “el match fue bueno simplemente porque el fútbol de Holanda es bueno, o muy bueno. Aunque Argentina no haya alcanzado ni la condición de rival, siendo superada en todos los sectores por una mecánica, un ritmo y una jerarquía técnica que quedaron reflejadas en las cifras finales”.  Aunque Wolff lo resumió de una manera más simple: “Nos pasaron por arriba, literalmente. Nos dieron un baile increíble, una verdadera lección de fútbol”.

Cuando regresaron a su país, los jugadores holandeses fueron recibidos como héroes. Más allá de no haber obtenido la copa, fue la adhesión a un estilo de juego lo que la gente reconoció. “La calidad sin resultados es inútil, los resultados sin calidad aburren”, afirmó Cruyff. Si bien se puede o no estar de acuerdo, el delantero holandés dejaba en claro por dónde iban sus convicciones y sus afinidades estético-futbolísiticas.

Aquella Selección estaba dirigida por Rinus Michels, entrenador holandés que había entrenado a Cruyff en el Ajax. Con ambos equipos, Rinus logró imponer la idea de fútbol total a base del 4-3-3 con Cruyff como principal figura, que cumplía la función de lo que hoy se conoce como falso 9. Su visión y sus amagues eran extraordinarios, hasta el punto que el periodista inglés David Miller lo llamó “Pitágoras con botas”. 

La preparación física en los equipos de Michels era vital, y también lo eran los movimientos sin pelota y el recorrido de la misma. “El balón siempre será más rápido que el jugador”, decía Michels, resumiendo su propuesta futbolística. Con el cómo por sobre el qué, dejar a un subcampeón en lo más alto fue otro logro de Cruyff, pero hay otro todavía mayor.

Todas las características de los equipos que mencionamos, la táctica y el estilo nos recuerdan a algo: al Barcelona de Guardiola, y es ahí adonde queremos llegar. A Cruyff, la idea de Rinus Michels lo logró convencer, y la gran huella proveniente de esa convicción la dejó en el equipo catalán. 

Cuando llegó a la dirección técnica del Barcelona, las cosas cambiaron: La Masía, que estaba en crecimiento tanto de infraestructura como de ideas, implantó el mismo sistema de juego en todas las categorías, y se promovió el ascenso de juveniles al primer equipo. La adaptación no era difícil, ya que los canteranos mamaban la idea de juego desde jóvenes. Cruyff es el entrenador del Barcelona que más juveniles hizo debutar: 32. Uno de esos jóvenes fue Guardiola, quien manejó los hilos del equipo desde el mediocampo, sector en el que Cruyff creía que se debía generar la superioridad numérica y futbolística.

“En mis equipos el portero es el primer delantero y el goleador es el primer defensa”, aseguraba el astro holandés, que con varios títulos en su haber dirigiendo al Barcelona, convenció no sólo al joven Guardiola, sino también a un club entero.  Los años y los técnicos pasaron, pero fue difícil volver a la cuasiperfección. La afición y los directivos barceloneses han exigido un estilo característico de la institución con el correr del tiempo, el sello de Cruyff se había marcado fuerte y ya era propio del conjunto catalán.

Hasta que llegó Guardiola, y la pelota comenzó a rodar, y algunos habrán recordado al equipo dirigido por Cruyff, mientras los que no lo vieron se habrán quedado boquiabiertos por las performances del conjunto español. Pep dirigó al Barcelona poco más de 20 años después que el holandés, y el fútbol seguro que cambió en ese lapso de tiempo, para bien o para mal, pero cambió. Sin embargo, el estilo seguía manteniendo su eficiencia. Lo único diferente era que, a diferencia de Michels, Guardiola no le daba tanta importancia a la preparación física, pero sí a los locos (o rondos, como se conocen en España), algo que sí aprendió pura y exclusivamente de Johan. 

Y hoy Guardiola está en el Bayern Munich, y prontó estará en Inglaterra, y seguirá esparciendo el estilo que tanto lo identifica. Pero sin dudas su Barcelona generó eco en todos lados: en la Argentina misma son varios los equipos que, con resultados o no, intentan salir con el balón a ras del suelo. Cuando se habla de “jugar bien”, el primer ejemplo que sale a la luz es el Barcelona, y cavando más hondo, el de Guardiola es el que se lleva todos los premios. De Michels a Cruyff, de Cruyff a Guardiola, y de Guardiola a la actualidad.

“Jugar al fútbol es muy fácil, pero jugar fácil al fútbol es lo más difícil que hay”, sostenía Johan, y también hay quienes dicen que lo más simple es lo más bello. Cruyff también solía sostener que el fútbol era un espectáculo, que a la gente había que brindarle arte y diversión. 

El desplazamiento de los intérpretes era fundamental en los conjuntos dirigidos por Cruyff, los movimientos sin pelota eran clave. “Está comprobado que un jugador tiene la pelota un total de tres minutos durante el partido, así que lo importante es lo que hagas los otros 87 minutos. Eso determina si eres buen jugador o no”.

Para seguir ejemplificando la grandeza de este hombre, el amistoso entre el Feyenoord y el Sparta Rotterdam jugado el día de su muerte se paró en el minuto 14 en homenaje a él, y lo mismo sucedió en el amistoso entre Holanda y Francia al día siguiente. En el derbi entre el Barcelona y el Real Madrid próximo, se montará un mosaico en las tribunas. Y hasta los hinchas catalanes iniciaron una petición en las redes sociales para que el Camp Nou cambiara su nombre por el del delantero holandés, y lo mismo sucedió con el Ámsterdam Arena, donde la Selección holandesa juega sus partidos de local.

Más allá de lograr títulos colectivos o individuales, como jugador o como DT, que una idea perdure en el tiempo es aún más complicado de hacer. El convencer a una generación y que ésta transmita la idea es algo que no se consigue fácil, sino que lleva tiempo, dedicación y, más que nada, convicción en quien quiere convencer: si uno no está seguro de lo que hace, los demás tampoco lo estarán. Hasta hoy se habla del Fútbol Total, y hasta hoy se practica, y hasta hoy se habla de Cruyff y se le agradece por implantar un estilo tan bello que perduró (y lo seguirá haciendo) con el correr de los años. Ese, sin dudas, es su mayor logro.

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